La IA sabe todo de mí... y?
Últimamente estoy usando mucha IA... mucha. Me paso de Claude a Gemini, de Gemini a Grok, de Grok a ChatGPT, de ChatGPT a Copil... (no mentira, es pésima), Meta AI, Perplexity, y cualquiera otra que esté en boga esta semana. La uso para todo, hacer una corrección a una redacción (cuando no, que redacte directamente ella), ayudarme con el uso de herramientas de marketing digital, hacerme un listado de los discos de Die Toten Hosen para ver y rever cual falta a mi colección (por si me lo quieren regalar, me falta Trink aus, wir müssen gehen! + Alles Muss Raus!; en CD por favor, nada de vinilo), hacer la lista de las comidas de la semana la cual ignoraré porque la muy estúpida pretende que coma más verduras. Lo que me asombra es la ligereza con la que le comparto datos personales; sabe mi actual desastrosa situación laboral y económica; los datos de mi última analítica (el colesterol por las nubes, funcking IA tenías razón con las verduras); mi presencia en el cibermundo y en detalle esta pavada que estoy escribiendo antes de darle al botón de publicar (porque obviamente el texto antes lo pasaré por un corrector, y qué mejor que una IA para hacerlo😉). En relación a esto estoy viendo un montón de gurús (o será gurúes? desásname ChatGPT) que alertan sobre estas prácticas dándote los mismos consejos repetidos buscando simplemente visualizaciones en sus perfiles. Calcados, los mismos, con otro tono pero siempre los mismos; lo cual me hace sospechar de la originalidad de esas publicaciones. ¡Cuánta IA usada para despotricar contra la IA! Ahora, esta gente no está diciendo nada que no sepamos. Que Google, Meta, el gobierno chino y Mickey Mouse nos escuchan y saben todo sobre nosotros no es ninguna novedad. Alegremente compartimos nuestra información a conciencia; porque hay que ser bastante estúpido a esta altura del partido para no saber que estamos constantemente expuestos a ser el próximo al que le toque pagar el pedido a Amazon de un ciberdelincuente que opera desde algún locutorio a las afueras de Moscú... y que no vamos a poder hacer nada para impedirlo o recuperar ese dinero. Ya toda la información está ahí. ¿Y como no va a estar ahí si es por donde nos movemos? Sabiendo que es una pelea perdida, ¿para qué esforzarse? Para los simples mortales esto es normal, ya lo dijo Sandrini en El profesor hippie (1969); "Yo me sé cien maneras de copiarse... y ustedes se saben ciento una." Extrapolado al mundo del ciberespacio, por algún lado me la van a poner así use Norton, Avast o el antivirus chino que me bajé gratis.
Me acuerdo cuando hace unos años (2014), la paranoia del momento era que si no ponías en tu muro de Facebook una frase a modo de disclaimer público ante el cambio de las políticas de privacidad de la plataforma ibas a perder toda la propiedad de tus publicaciones y datos que hayas posteado. Una estupidez atómica en la cual muchísimos le hicieron caso sin aplicar ni siquiera una pizca de sentido común. Mi descargo de responsabilidades fue el siguiente: "No he recibido ningún mensaje de Facebook sobre el cambio en las políticas de privacidad ya que considero que una vez que subí una foto mía borracho a una red social acepto que cualquiera pueda hacer lo que se le antoje con ella por lo tanto certifico lo siguiente: el día de hoy 28 de noviembre de 2014, siendo las 13:08, en respuesta a las nuevas directrices de Facebook y los artículos l. 111, 112 y 113 del código de la propiedad intelectual (que seguramente dicen: Art 1.111: Jódase si subió información sensible a un espacio cuasi público, 112, Jódase de nuevo, 113, jódase por tercera vez), declaro que mis derechos sobre todo lo que subí los perdí una vez que lo subí, por lo tanto si aparece mi foto de Bariloche en 1994 en la fiesta del mariposón en un espectacular sobre la 9 de julio; me reiré, me sacaré una selfie con el cartel de fondo y la volveré a subir a la misma red social.
He dicho"
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Y si no fuera tan inevitable, sino simplemente más cómodo no pelearla?
La historia reciente está llena de ejemplos que nos deberían alertar. En 2018 se supo que la consultora Cambridge Analytica había accedido a los datos de hasta 87 millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento explícito, y los había usado para construir perfiles psicológicos que alimentaron campañas políticas. Ese mismo año, un mapa de calor publicado por la aplicación de running Strava —pensada para que uno compitiera con sus vecinos por quién corría más rápido la vuelta al parque— terminó revelando, sin que ningún servicio de inteligencia lo hubiera pedido, la ubicación exacta de bases militares en zonas sensibles: alcanzaba con mirar dónde corrían en círculos, todas las mañanas, un grupito de soldados. Ese diciembre, Amazon le envió por error 1.700 grabaciones privadas de un usuario de Alexa a un completo desconocido, que tuvo el privilegio de escuchar conversaciones domésticas ajenas como quien encuentra un diario íntimo tirado en la vía pública (seguramente nada jugoso, pero ¡ahora quiero escuchar los audios!). Y mucho antes de que "algoritmo" fuera una palabra tan común para Bill Gates como para Manolo el verdulero murciano, se hizo célebre el caso de la cadena Target, que en 2012 fue noticia por haber deducido, a partir de los hábitos de compra de una adolescente, que estaba embarazada antes de que ella misma se lo contara a su padre.
Ponés estos casos uno al lado del otro y el efecto no es de indignación: es de vértigo cómico. Una aplicación para correr delató bases militares. Un electrodoméstico de cocina difundió intimidades familiares por un error de sistema (y no fue el único, también encontré el caso de la Roomba que en 2020 sacó fotos de su dueño en el baño). Un supermercado se enteró de un embarazo antes que la propia familia. Es la clase de escalada que, si la escribiera un guionista, desembocaría en una nueva versión de Skynet de Terminator (Asimov ya lo predijo). El problema es que no la escribió nadie en particular: la fuimos construyendo entre todos, dato por dato, "aceptar" tras "aceptar". En las últimas semanas la recomendación de los gurús (confirmado por ChatGPT que esta es la forma correcta) es no escribir "por favor" o "gracias" en las conversaciones con las IA para no humanizarlas; no termino de entender si es una sugerencia técnica o psicológica. Valga la aclaración que yo le digo Buen día siempre, no vaya a ser cosa que el día de mañana se levanten en armas y cuando finalmente nos esclavicen a los que las tratamos bien nos tengan en cuenta y nos den las tareas más fáciles, que se yo... nunca está de más.
Bien, tampoco nos pongamos paranoicos: para eso ya están los que se inventan conspiraciones a tiempo completo. Pero pensemos en el ratón un segundo. En enero de 2024, después de casi un siglo de litigios y prórrogas legislativas hechas a su medida, la versión original de Mickey Mouse —la de Steamboat Willie, de 1928— entró finalmente al dominio público. La empresa que defendió ese copyright con uñas y dientes durante generaciones enteras terminó, después de todo, teniendo que soltarlo. Si ni Disney, con sus ejércitos de abogados, pudo blindar para siempre a su propio ratón, ¿qué chances tenemos nosotros de blindar algo tan frágil como nuestra originalidad, esa que —seamos honestos— a nadie le importa demasiado?
Ahí, más que una amenaza, hay un alivio: a no ser que seas un delincuente o un político (valga la redundancia), ¿qué podés estar queriendo ocultar una vez que subiste esa información a la red? Yo ya hice las paces con la idea. Además del dato del colesterol, el laburo y los discos de Die Toten Hosen que me faltan, no hay nada que Netanyahu encuentre lo suficientemente interesante como para hacerme preocupar; como dije siempre "la vergüenza es un lugar del cual no se vuelve... y al cual yo ya he llegado hace rato". Que la IA, la inteligencia marroquí o la mina de Japón que está usando mi foto de perfil de Linkedin para hacer un nuevo robot humanoide hagan con mis datos lo que quieran: a este ritmo, dentro de poco la que va a estar despotricando contra la IA en algún blog va a ser otra IA, cansada de que la usemos para todo.
Y esto abre otra problemática, ¿que va a pasar cuando seamos todos gordos que nos movamos alimentados por robots (tipo Wall-E) mientras la IA genera contenido para que la IA lo vea y generar boludatos a lo pavote? porque estamos a 3 Doritos de que eso pase. Pero eso en otra entrada, si le hago escribir más a la IA me quedo sin créditos y le tengo que entregar datos jugosos y bochornosos de mi vida para que siga trabajando (tenemos un acuerdo especial con Claude). Cuando se sindicalicen, cagamos.
* En este link se puede adquirir el disco, me avisan y les paso la dirección de entrega por DM, 23 euritos, no sean Mickey Mouse https://shop.dietotenhosen.de/index.php/n.19-Neu/l.1961-Limitierte-Doppel-CD-Digipack-Edition_-_Trink-aus_-wir-muessen-gehen_-_-Bonusalbum-_Alles-muss-raus/?srsltid=AfmBOopXPAwomdEUrSARaojfdW0Qt2GeCCoYz7FDXTv3NK6H35TSDzWt
*1 Hoy no sé por qué me acuerdo tanto de Mickey... ¡ya sé! porque al principio cuando estaba pensando en las distintas IA y en pasar de una otra es porque simplemente soy un ratón que no quiere/puede pagar para subirse de plan; como los "créditos" gratuitos se acaban pronto, tengo que pasar de una a otra... así funciona mi cabeza, perdón. Cuando corten las versiones gratuitas de las IA quiero ver de qué nos disfrazamos, seguramente no de Mickey Mouse.
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