Epopeya VII - 7 años de amor o mi vida por un endoscopista
Que Solana, mi mujer, es creativa no hay nadie que lo pueda negar… pero para este aniversario realmente se pasó. Hoy cumplimos 7 años de casados, pero la sorpresa empezó el viernes. Llego de la facultad como todos los viernes y a eso de las 22:30 empezamos a cenar. Segundo bocado y Solana se atraganta con un trozo de peceto al horno (acá debo incluir en una de sus innumerables cualidades positivas, el increíble histrionismo que demostró, realmente creí que se ahogaba). Deja de comer, y entre arcadas me dice que pasó, que la carne sigue en el esófago pero que ya bajará, que no me preocupe. Nos acostamos, pero ella sigue sin poder tragar, ni siquiera su propia saliva, por lo cual a las 2:30 AM decidimos llamar a un médico… y acá empezó todo lo que había preparado incluyendo a numerosos actores que debo decir, fueron excelentes; los odié. Llamo a urgencias de OSDE para pedir un médico a domicilio. El que me atiende, me dice… “me aparece dado de baja el paciente” a lo que le respondo, mirá puede ser que te aparezca como dado de baja por mi empleador anterior pero inmediatamente me dieron el alta desde mi nuevo empleador. La respuesta fue, no, sin cobertura no te puedo mandar ningún profesional. Respondí mandándolo a la zona púdica de su madre y llamando al SAME desde otro teléfono. A todo esto vuelvo a ver a Solana (que no salía de su papel de moribunda) y me dice que se la banca. Vuelvo a llamar a OSDE a los 2 minutos ya que no se la estaba bancando, le cuento a la chica que me atiende la situación y me dice que no me haga problema que aunque sea una ambulancia me pueden mandar. Hasta acá no me dí por enterado que era todo un armado para sorprenderme por nuestro aniversario, tanta gente involucrada, teléfonos pinchados para desviar llamadas, cómplices en todos lados… era demasiado. Llegó la ambulancia, la atención fue muy buena, pero como la tenían que trasladar a un hospital y administrativamente no se lo permitían porque supuestamente no tengo cobertura (a pesar de nunca haber dejado de pagar la no muy barata cuota) me ofrecieron (a pesar que no se puede) trasladarnos a un público diciendo una pequeña mentirita piadosa; que nos habían levantado en la calle. Nos dejaron en el Pirovano, ella fue en la ambulancia y yo con Joaquín en el auto. En la guardia del Pirovano nos estaban esperando unos 20 actores, 15 vestidos de linyeras durmiendo en la sala de espera y el resto el personal administrativo y médico del hospital. Increíbles, la verdad que la puesta en escena fue admirable… hasta el olor a orina en la sala de espera era tan real que creí que era cierta. El médico nunca le creyó a Solana que la habían levantado en la calle una ambulancia privada, pero de todas maneras la atendió. Yo, mientras tanto entretenía a Joaquín a las 4 de la mañana con mi celular entre los ronquidos de los linyeras. Cuando llegó otro actor quejándose de dolores abdominales y vomitando en la sala de espera mientras los de la recepción del hospital chateaban con sus Blackberrys (supongo que entre ellos porque actuaban como mudos, nunca pronunciaron palabra, siempre fueron gestos a cualquier consulta), decidí que no era el mejor ambiente para mi hijo por lo que fuimos a buscar un alfajor a un kiosco y a esperar en el auto. Mientras Joaquín jugaba por enésima vez al primer nivel de Angry Birds donde aparecen los pajaritos amarillos y dejaba la mitad del alfajor de chocolate en el asiento de atrás del auto, Solana me llamó al celular para decirme que la mandaban a hacerse una radiografía y luego salía. Cuando sale, en la radiografía se veía el pedazo de peceto atravesado pero en el Pirovano le aclaran que ahí no tienen el endoscopio para seguir con el tratamiento, que nos teníamos que ir al de Clínicas que es el único de la Ciudad de Buenos Aires donde se lo podían hacer… como ya habíamos pasado por la experiencia de Hospital Público de la Ciudad de Buenos Aires, y ya estaba haciendo efecto la buscapina intramuscular que le habían aplicado en la ambulancia; Solana me dice que vayamos para casa y que el sábado a la mañana veíamos como lo solucionábamos (se ve que en el de Clínicas aún no había armado la parte de la sorpresa que correspondía, y por eso prefirió seguirla al otro día).El sábado a las 7 de la mañana llegó el pintor (ah, porque además estamos pintando mi casa, por lo cual el sábado a la mañana tenía al pintor instalado hasta las 12); más dormido que despierto me puse a ver un capítulo de El auto fantástico (la porra de David Hasselhoff era un canto a la década del 80) y a eso de las 9 empecé a tratar de solucionar el tema con OSDE. Me contacté con la promotora a quien le conté la situación y me jura que no sabe que pasó, que el alta está dada desde finales de abril (lo cual era completamente creíble ya que me había llegado la nueva cartilla de prestadores el jueves anterior y Solana se había atendido con un dentista en mayo). Me da dos opciones para que vaya en primera instancia a un Otorrinolaringólogo, decidimos por uno en Pasteur al 700 al cual fuimos ni bien se fue el pintor y pudimos dejar a Joaquín con mi hermano. En la clínica de otorrinolaringología nos atienden de primera pero nuevamente nos dicen que no tenemos cobertura, por lo cual nombro a la persona de contacto que me había dado la promotora, se contactan con él y nos dan el pase a la guardia. De ahí nos derivan a un gastroenterólogo y para hacerla corta, terminamos en el Sanatorio Mitre.
En la recepción de la guardia nos atienden la que, para mí, fue la mejor de todas las involucradas. La capacidad para actuar la mala onda y la cara de no haberle visto la cara a dios desde hace años fueron increíbles. Con un tono simpatiquísimo nos aclara “a mi no me importa que te hayan dicho en OSDE, acá no hay ningún endoscopista para que te atienda”. Vuelvo a llamar a OSDE, insulto a todas las personas por las que pasé y el último que recibió mis improperios me asegura que me llaman en dos minutos con una solución. A todo esto, Solana estaba dando cátedra de actuación estando cuasi desmayada por no haber ingerido ni una gota de agua en las últimas 18 horas (pasar por todo esto para hacerme una sorpresa… no era necesario mi amor). Efectivamente me llamaron en dos minutos y logramos que nos atiendan a las 14 hs. La doctora que atendió a Solana le hace todos los exámenes de rigor y a las 18 hs (si, si… 4 horas después, sin tomar un sorbo de agua) deciden internarla porque recién vendría el endoscopista el domingo a las 7:30 de la mañana. Hago los trámites de admisión mientras que Solana seguramente se estaba riendo de que su sorpresa estaba saliendo mejor que lo planeado; y me dan la opción de que yo me quede por la bicoca de $250 (incluía la cena, una sábana para que duerma en el sillón de la habitación y que la enfermera me leyera un cuentito de Disney antes de dormirme); preferí dormir sin sábanas.
A las 7:30 puntual, luego de dormir muy entrecortado, aparece el endoscopista (que nota al margen era el mismo que me había hecho una endoscopía a mi hace 15 años atrás… cómo me acuerdo; porque es oriental) y nos dice “yo estuve acá ayer hasta las 15 hs, si me hubieran avisado se iban ayer”; ahí perdí toda compostura y odié hasta la primera línea genealógica de la turra que nos había atendido en la recepción de la guardia.
El estudio se lo hicieron en 5 minutos y al mediodía ya estaba almorzando dieta suave de puré y flan sin problema. El endoscopista volvía recién el lunes a la mañana a darle el alta, pero con un llamado a OSDE (donde creo que ya soy persona no grata) logré que me mandaran un médico para que firmara el alta. A las 18 hs del domingo salimos del Sanatorio. Es decir, si OSDE (quien se lleva una parte bastante grande de mi sueldo) no hubiese cometido un error administrativo la primera ambulancia que nos vino a atender nos hubieran derivado a un Sanatorio con endoscopista y a la mañana ya estaba para recibir al pintor. Si la administrativa de recepción del Sanatorio Mitre hubiera averiguado si el endoscopista estaba en el Sanatorio como yo le pedí, en vez de irnos el domingo a las 18 hs, nos hubiésemos ido el sábado a la misma hora.
Lo mejor de todo es que hasta el momento, Solana no deschavó su sorpresa… una capa. Ahora sí, mi amor, para cuando cumplamos 8 años no te gastes en prepararme más sorpresas.
Comentarios
Publicar un comentario