Epopeya VI - Educación Cívica
Hoy fui a cumplir con mi deber cívico y a las 8:30 estaba en la puerta del colegio N°3 Álvarez Condarco (*) en la Comuna 15. Las mesas del colegio aún estaban cerradas ya que faltaban 2 presidentes de mesa y dos fiscales. Cuando la cola empezó a hacerse larga, los ánimos empezaron a caldearse y con razón. Un gendarme salió y preguntó, "alguien que quiera voluntariamente encargarse de la presidencia de su mesa?; de otra manera y según estipula la Ley, el primero de la fila será designado presidente". En ese preciso momento y por arte de magia, pasé automáticamente del puesto 14 al 3 en la cola. El gendarme mucha cara de mago no tenía (a Harry Potter no se parecía, quizá tenía un leve aire al Mago Fafá); pero fue instantáneo; las mujeres y hombres que hasta hacía 2 segundos se estaban quejando por la poca conciencia cívica de las autoridades de mesa, desaparecieron raudos y se escondieron tras un plátano en la esquina de Girardot y Donado; pispiando de vez en cuando como los Tres Chiflados, una cabecita sobre la otra, si volvía el gendarme con poderes.
A las 9:30, con todas las autoridades en sus puestos (nunca me enteré si llegaron los que tenían que llegar, hicieron cumplir la Ley o el "gendarmago" creó la ilusión de que había más gente en cada mesa); los gendarmes (des) ordenaron la situación. La fila que prolijamente se había formado se convirtió en caos a la voz de "mesa 5507 pasa de a uno. La 5510 pasan las mujeres; de la 5508 pasan los petizos... y la 5512... por ahora que se jodan" (no fue textual, pero en ese momento sonó así). En esa desprolijidad me tocó pasar, luego de gente que había llegado hacía 10 minutos. El presidente de mi mesa, la 5512, era un ciudadano argentino... pero de origen oriental. No tengo nada en contra de los orientales, es más, los considero un ejemplo de capacidad de trabajo (excepto a los japoneses... bueno, che, algún atisbo discriminatorio tenía que tener), pero creo que la persona que se pone al frente de una tarea tan digna e importante mínimamente debería entender lo que está haciendo (o el idioma); no sólo no entendió mi apellido (cuando se lo dije 3 veces, cuando intentó leer mi DNI donde buscaba mi nombre en la hoja de cambio de domicilio, cuando se lo dijeron los dos fiscales, ni cuando vino mi amigo gendarme e hizo un pase de magia), sino que tuvo que copiarse de uno de los fiscales para completar la planilla del padrón. Pasé al cuarto oscuro, tomé la boleta que había decidido que iba a tomar hace dos semanas y voté con convicción (aunque no por López Murphy) y por mí mismo (aunque no por Castrilli). Salí, puse el sobre en la urna (nadie me sacó fotos, lo cual me extrañó), y el presidente de mesa me devolvió el DNI sellado y firmado junto con una caramelo media hora diciéndome "no monedas". Me fui tranquilo de todas maneras sabiendo que había cumplido con mi deber/derecho ciudadano democrático comiéndome mi caramelo. Al pasar por la puerta de entrada estaban haciendo pasar a los que cumplian años en diciembre de la mesa 5510. Saludé al mago quien se despidió escondiendo su boca y nariz con una capa negra (un capo el tipo) y me fui silbando bajito (más que nada escupiendo por culpa del media hora).
En mi caminata hacia casa, no pude dejar de evaluar la situación. Estamos votando; lo cual es algo positivo ya de por sí... pero deberíamos también saber respetar las normas para que la votación no sea solamente un acto para que los canales registren cuando votan Ricardo Fort y Florencia de la V (que como ahora las mesas son mixtas les cagó el morbo de mostrarla en una mesa masculina). Dos cositas sencillas y chiquitas, pero para muestra basta un botón;
- El sufragio es una fiesta revolucionaria, y está perfecto que sea así (más en nuestro país); pero es necesario que sea todo un gran quilombo? Que cualquiera estacione en doble, triple y cuádruple fila frente a los colegios? Tienen que dejar el auto cerca porque tienen miedo de olvidarse por quién van a votar? Es como una necesidad intestinal, "dejo el auto acá porque tengo que evacuar mi voto". Siempre, pero en estos días especialmente, debiéramos ser ejemplo de ciudadanía.
- Me causó gracia (ya que la angustia y la bronca me la guardo para otras cosas) escuchar hablar a los candidatos en el debate de la UBA sobre la limpieza en la ciudad. Creo que no quedó espacio (público o privado) donde no se haya llenado de pegatinas; no respetaron semáforos, postes de luz, refugios de colectivos, paredes, árboles, ancianos sentados en la puerta de sus casas, ni animales del zoológico. Ahora, no debieran ser ejemplo de civismo? Si está prohibido fijar carteles donde no se debe... por qué lo hacen? por qué se permite? por qué no se sanciona?
Sea como sea, gane quien gane, votar está bueno; seamos dignos de hacerlo.
(*) Ironías de la vida, José Antonio Álvarez Condarco fue secretario de San Martín y tuvo participación activa en las guerras de independencia. Murió como muchos de los verdaderos héroes de nuestra historia en la más pútrida pobreza, exciliado por defender sus ideales... cuanto de esto nos falta actualmente.
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